EL TIBURÓN Y LA SARDINA:
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EL TIBURÓN Y LA SARDINA:

El título corresponde a una de las obras que más me impactó del Ex Presidente de Guatemala, Doctor Juan José Arévalo Bermejo. Es una reflexión sobre la historia de las relaciones entre EEUU y Centro América y cómo el imperio no respeta leyes o instituciones, la cual fue escrita poco tiempo después del derrocamiento del Presidente Jacobo Árbenz en el año 1956, cuando el autor vivía en el exilio. Por cierto, la citada conspiración, según documentos desclasificados, tuvo su autoría y financiamiento a través de la CIA.

El impacto y trascendencia de la denominada “operación Guatemala” fue de tal magnitud que la historia ha ignorado otros hechos importantes de nuestra agitada vida política, como el golpe de Estado (1963) en contra del Presidente Miguel Ydigoras Fuentes, justo antes de las elecciones en las cuales se daba como seguro ganador al Dr. Arévalo, quien ya había ingresado clandestinamente a Guatemala, para ser elegido nuevamente Presidente Constitucional de la República.

Arévalo cita a la periodista Georgia Ann Geyer, quien escribió un artículo para los periódicos Daily News y Miami Herald el 24 de diciembre de 1966: “…el presidente John F. Kennedy decidió derrocar al Gobierno de Ydigoras en una reunión en enero de 1963. En un principio el presidente Kennedy estaba indeciso, ambivalente, o incluso indiferente. Entonces consultó a sus asesores. El administrador de la Alianza para el Progreso, Teodoro Moscoso, se opuso al golpe. Un diplomático de carrera, el embajador John O. Bell, argumentó vehementemente a favor. Los otros dos funcionarios presentes, Edwin M. Martin, Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos, y Richard Helms de la CIA, estuvieron de acuerdo con Bell. La decisión de negar a los guatemaltecos la oportunidad de votar en 1963 se tomó con el voto de cuatro funcionarios norteamericanos, por una mayoría de tres a uno…”

Continúa el relato: “…Después Bell y Martin cuestionaron la exactitud de la versión de Geyer… Estados Unidos no tomó ninguna acción -preventiva-, aunque la posibilidad de que ocurriera era conocida y fue informada a Washington. Tal vez el voto fatídico en Washington no fue sobre la organización del golpe, sino sobre si se iba a hacer una llamada telefónica para impedirlo”.

Lo anterior cobra actualidad e importancia porque es público que la finalización del mandato de la CICIG fue gracias al consentimiento del Gobierno de los Estados Unidos; sin embargo, recientemente el Señor William W. Popp ha sido nominado por el presidente Donald Trump como nuevo Embajador en Guatemala. En la audiencia con el Senado de EEUU, el diplomático presentó las acciones que priorizará al ser designado.

W. Popp mencionó varios puntos importantes pero, cabe destacar: “Combatir el crimen transnacional, detener la migración irregular, defender la democracia, lucha contra la corrupción, respeto a los derechos humanos y laborales y poner fin a la impunidad”.

¿Significa esto un reposicionamiento de la política internacional de EEUU hacia Centro América y Guatemala en particular o, quizás el fin de la tolerancia a los cacicazgos criollos? Muy pronto lo sabremos y, seguramente muchas sardinas empezarán a preocuparse porque un temible tiburón podría estar al acecho, quizás menos agresivo que en el pasado pero, con resultados igual de mortíferos. Veremos.

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