ENTRENADOR DEPORTIVO Y EDUCACIÓN EN VALORES:
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ENTRENADOR DEPORTIVO Y EDUCACIÓN EN VALORES:

“La educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Paulo Freire.

A la edad de 20 años (1980), recién graduado de maestro, tuve por primera vez a mi cargo un grupo de niños y jóvenes. La tarea parecía muy fácil, todos querían aprender Lucha Olímpica y yo todavía era atleta activo, por lo cual me sentía suficientemente competente para cumplir el objetivo. A tan corta edad y sin ninguna experiencia pedagógica, me encontraba muy lejos de imaginar lo delicado e importante de mi nuevo trabajo.

En aquellos tiempos, en Guatemala, no existía ningún centro de estudios superiores especializado en deporte, consecuentemente, todos los nuevos “entrenadores” ejercíamos empíricamente y la especialización la adquiríamos a través de cursos en el extranjero y devorándonos cuanto libro de deporte llegaba a nuestras manos (aclaro a las nuevas generaciones que, para entonces, el internet, los teléfonos móviles y otras bellezas de la cibernética, eran ciencia ficción).

Pasadas algunas semanas, me sentí muy motivado porque diariamente podía observar la superación física y técnica de mis alumnos. Obviamente, algunos asimilaban más rápidamente que otros y, de manera espontanea pude detectar a aquellos que, con el tiempo, serían los mejores. Todo marchaba normal, hasta que……

Una tarde, al finalizar el entrenamiento, percibí un ambiente agresivo. A lo lejos, escuché insultos y amenazas, lo cual sin duda desencadenaría en riña. Inmediatamente busqué calmar los ánimos pero, el mal continuó. Con mucha paciencia empecé a indagar sobre el entorno familiar y escolar de todos los miembros del grupo.

Fue entonces cuando descubrí que el entrenador desempeña un rol más trascendental que el simple hecho de transmitir conocimientos. El entrenador cumple la función educativa que, desafortunadamente, muchas veces los padres no realizan, especialmente cuando se trata de hogares disfuncionales, donde predominan vicios, adicciones y violencia intrafamiliar.

Paradójicamente el alumno “problemático” era quien más había avanzado, por lo cual no quise expulsarlo. Supe que era el mayor de 4 hermanos, padre alcohólico que lo agredía físicamente, su madre lavaba ropa ajena, vivían en extrema pobreza. El “affaire” se constituyó en un reto personal y, a partir de entonces, cada entrenamiento lo convertí en una clase de “educación en valores”, tratando de modificar actitudes y conductas antisociales en positivas.

La historia tuvo un final feliz. Además de haber logrado buenos resultados deportivos, me complace haber contribuido a cambiar el rumbo de su vida. Finalizó sus estudios y se graduó en la universidad nacional. Hoy es un profesional.

Sirva la anterior anécdota para instar a los nuevos entrenadores a que no olviden que la vida deportiva es corta, especialmente en el alto rendimiento, por lo cual además de los éxitos, lo verdaderamente significativo es formar al nuevo ciudadano.

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1 Comment
  • Mario Juárez
    Posted at 22:56h, 31 agosto Responder

    En esos años entrenadores y dirigentes lo hicimos por mistica al deporte. Hasta que empezó la asignación economica al deporte se inició un proceso de organización y superación en el deporte federado. Sin embargo lamentable pero cierto tambien entró la corrupción.

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