JOSÉ ROLANDO DE LEÓN:
619
post-template-default,single,single-post,postid-619,single-format-standard,bridge-core-2.3.6,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-22.2,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.2.0,vc_responsive

JOSÉ ROLANDO DE LEÓN:

“Cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones fuertes son las más seguras”.  Tito Livio.

A mediados de los años 70, al salir del Palacio de los Deportes vi a una persona caminando con dificultad, siendo evidente que padecía de alguna discapacidad física; sin embargo, lo que llamó mi atención fue su imponente desarrollo muscular en el tren superior, se trataba del famoso José Rolando de León.  Por azares del destino, años después fuimos coincidiendo en diversas actividades deportivas, lo cual forjó en nosotros una genuina amistad y compañerismo que se ha consolidado con el paso del tiempo.   Primero destacó en el Fisicoculturismo, posteriormente afianzó su supremacía en la disciplina denominada “Levantamiento de Potencia”, específicamente en levantamiento en banca; sin embargo, sus mayores logros fueron en las Olimpiadas Paralímpicas, por lo cual ha recibido las máximas condecoraciones del gobierno y del deporte nacional, constituyéndose en un auténtico referente para la juventud.

Siempre me he sentido orgulloso de ser su amigo, porque al margen de su calidad deportiva, José Rolando es un ser humano excepcional.  A pesar de las limitaciones y dificultades que desde niño tuvo que sortear, nunca he escuchado de su parte críticas para nadie o demeritar éxitos ajenos.   Por el contrario, lejos de transmitir frustración o resentimiento, su actitud es la de alguien que triunfó en la vida con luz propia, por lo cual no posee envidias ni rencores.  Para quienes no lo conocen, me permito transcribir un excelente artículo escrito por el periodista Francisco Mauricio Martínez, publicado el 15 de octubre del 2017, en la revista D, del matutino Prensa Libre:

Rolando de León (68 años) es uno de los guatemaltecos que  más galardones ha logrado. Nueve campeonatos del mundo, cuatro panamericanos,  cinco récords mundiales y  28 nacionales son algunas de sus cartas de presentación. Además,  ha recibido decenas de reconocimientos, entre ellos la Orden del Quetzal (1994)  y la Orden Mateo Flores, de  la CDAG (2013).    ¿Pero cuál ha sido  la base de sus logros? “La fuerza de voluntad y  la ayuda de Dios”, responde De León, quien nació en 1950, en  una casa  de  la Avenida Bolívar y 35 calle, zona 8, de la Ciudad de Guatemala. “Los primeros meses los viví como cualquier bebé, pero cuando tenía 10  meses contraje  poliomielitis. Lastimosamente, la vacuna contra ese mal se descubrió hasta  1955”, cuenta que con el apoyo de sus padres asimiló su discapacidad  durante los  primeros seis años. Los problemas llegaron cuando asistió a las  escuelas de educación primaria Alberto García y Pedro de Betancourt, en la zona 3. Sus compañeros se burlaban, lo  golpeaban, empujaban  y botaban, lo cual  le afectó psicológicamente. “Me sentía el  más marginado del centro escolar”, recuerda.

Hubo veces  que no aguantó la cólera y con sus muletas se defendió, incluso, entró a los  sanitarios  —que eran colectivos—  y con   las muletas   golpeó a los que le hacían bullyng.  “Con eso  pretendía que me respetaran, pero   me castigaron poniéndome de pie bajo la  campana durante media mañana”, evoca.

Al concluir la educación primaria, comenzó a buscar empleo,  pero nuevamente el problema físico que le causó la poliomielitis salió a relucir.   Solicitó empleo en  negocios que mostraban   carteles donde se leía: “Se necesita patojo chispudo”.  Al hablar con los  encargados le respondían:  “Fíjese  que ya dimos el trabajo,  cómo no vino antes”.  A los pocos días pasaba por los  mismos lugares y aún veía los rótulos. “Entonces entendía  que me rechazaban por mi deficiencia física”, explica.

La única alternativa que encontró para ocuparse  fue que  su madre  intercediera. Fue así como laboró en  una sastrería, después en una  zapatería, luego una hojalatería y   finalmente en el  taller de mecánica,  enderezado y pintura  Gil, que operó en la zona 4. Con esto cumplió un   sueño porque cuando cursó  la primaria conoció a Leonel, a   quien  veía “bien toro” y le preguntó qué hacía para  tener el  cuerpo desarrollado. “Trabajo en un taller y de tanto aflojar tuercas me crecieron los brazos”,  le respondió.  Con el tiempo supo que levantaba pesas.

En el taller Gil,  a  la hora del almuerzo,  los empleados  formaban una cola  para lavarse las manos en un chorro.  Un día, uno de sus compañeros —César García—  se quitó la camisa y nuevamente  De León  sintió curiosidad  por la musculatura del muchacho,  por lo que  se le  acercó y le preguntó qué hacía. “Ejercicios”, le contestó. ¿Me puede enseñar? preguntó  De León. Por supuesto, le replicó, y acordaron que a la hora de salida se pondrían de acuerdo.

Dicho y hecho, a las 18 horas se reunieron  y se dirigieron  a una esquina del taller, donde le enseñó a efectuar  despechadas y luego  colocó un  tubo para practicar   dominadas. “Empecé a sentir la magia de este deporte.   Mi pecho y mis   brazos comenzaron  a llenarse de sangre y tuve la   sensación de bienestar,  tanto  que solté  las muletas. Nunca había experimentado algo así. Desde   entonces  me dedico  a este deporte”, afirma.  Con la chatarra del lugar elaboraron mancuernas y barras artesanales para entrenar. A los pocos días ya no se ejercitaban solo ellos, sino varios empleados.

“Todo lo que he logrado se lo debo, después de Dios, a César”, confiesa.  Por la  poliomielitis, De León tenía una  pierna delgada.  Un día García y otro amigo lo  llevaron  a una piscina. Ambos salieron del vestidor, pero Rolando  no se  atrevió, por lo que regresaron por él.  “Es que me da vergüenza  mi  pierna  delgadita”, expresó, a lo que César respondió:   “No se la van a ver,  mejor infle el gran pecho y la espalda porque nadie los tiene así”.  Les hizo caso y salió. En el camino su amigo  le  dijo: “Ya vio cómo lo voltean a ver por el pechón y la espaldona”. “Yo apenas tenía  tres o cuatro meses de entrenar, por lo que eso no era cierto,  pero me hizo sentir bien, me levantó la  autoestima”, recuerda.

El equipo del taller de mecánica resultó insuficiente, en 1966, por lo que decidió trasladarse a la  Federación de Levantamiento de Pesas, en el Gimnasio Nacional Teodoro Palacios Flores. Allí se topó con compañeros musculosos que lo inspiraron a continuar practicando y, a la vez, comenzó a observar competencias de  fisicoculturismo y levantamiento de pesas.   Por ese tiempo rozaba los 16 años.

Decidió  inscribirse   en el primer campeonato de novatos  en cultura física  del Palacio de los Deportes.  El día de la competencia el presidente de la Federación,   Enrique Bremermann, y el periodista  Arsenio Pérez Hernández, lo  llamaron y le  informaron: “Para cultura física   tiene que usar  calzoneta, porque incluye todo el cuerpo, y usted por  su pierna no puede competir”.  Entonces les contestó:  “Trabajo en un taller de mecánica y he visto carros que avanzan con tres ruedas. En esta disciplina  hay subdivisiones de  pierna, pecho y abdominal, entonces ahí quiero participar. Aceptaron.   No gané nada, pero me abrieron la puerta para seguir entrenando y concursando”, indica.

En 1967 ocupó el primer lugar en el  concurso Señor Guatemala.  En 1976, la Asociación Guatemalteca de Rehabilitación  solicitó  a la Federación de Levantamiento de Pesas, donde  trabajaba como  instructor,  que le  dieran permiso para competir en los Cuartos Juegos Paralímpicos celebrados en Canadá,   donde logró la medalla de bronce al levantar  340 libras, lo cual lo  motivó.

“En 1978  participé   en el  mundial que se efectuó en  Inglaterra,  donde alcé  370 libras y gané el primer lugar. En total logré nueve  campeonatos mundiales,   medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Canadá, en 1976,  y  la de oro en los  de Seúl, Corea,  en 1978. Me retiré de las competencias mundiales en 1998”, concluye De León, quien actualmente   es propietario de un   gimnasio que lleva su nombre, en Mixco. Sus tres hijos  varones —de siete—   practican el mismo deporte, en el cual  han ganado certámenes a nivel nacional y centroamericano”

Compartir:
2 Comments
  • Axel Cocon
    Posted at 11:44h, 12 noviembre Responder

    FELICITACIONES, FRANCISCO LEE. INTERESANTE TEMA Y BUENA NARRATIVA DE LA VIDA Y LOGROS PERSONALES ADEMAS DE DEPORTIVOS DE JOSE ROLANDO DE LEON, UN VERDADERO TRIUNFADOR DEL DEPORTE Y TAMBIEN DE LA VIDA. ME APASIONO LA LA NARRATIVA QUE HICISTE DE LOS LOGROS DE ROLANDO.
    ASI COMO A VOS, A MI TAMBIEN ME IMPRESIONO ROLANDO DESDE QUE LO CONOCI. SEGUI SU TRAYECTORIA PLAGADA DE TRIUNFOS COMO VOS LOS DESCRIBIS.
    TAMBIEN ME HONRE CON SU AMISTAD. DEFINITIVAMENTE JOSE ROLANDO DE LEON PERTENECE AL SALON DE LOS CONSAGRADOS DEL DEPORTE.

  • Héctor Camacho
    Posted at 21:01h, 12 noviembre Responder

    Este atleta es ejemplo de disciplina, constancia y dedicación. A pesar de su cuadro clínico nunca se sintió derrotado.
    Derrotados aquellos que bajan los brazos.

Deja un Comentario