LLEGÓ LA NAVIDAD Y AGONIZA EL 2020:
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LLEGÓ LA NAVIDAD Y AGONIZA EL 2020:

En Guatemala, las fiestas de fin de año son una mezcla de tradiciones y costumbres producto del sincretismo entre la religión católica y nuestras culturas.   Desde niños somos cautivados por diversas actividades; tales como:  Las Posadas, el Nacimiento con su infaltable pesebre, el árbol de Navidad decorado con infinidad de imágenes en miniatura y  luces de colores, la “quema del diablo”, el pino, los rezos, la misa, la figura omnipresente  de Santa Claus en tiendas, calles y medios de comunicación incitando a la compra de regalos y, una exquisita gastronomía local e importada (tamales, pavo horneado, pierna de cerdo, pasteles, ponche, etc.).

Por si lo anterior no fuera suficiente, los chapines tenemos una profunda afición a la pirotecnia.  Gastamos millones de quetzales en fuegos artificiales los cuales, al mejor estilo de Steven Spielberg, al ser activados producen sonido y olor a pólvora semejante a un ataque bélico.  Obviamente, el punto culminante son las fiestas familiares con música de la época, comidas y bebidas embriagantes, todo lo cual finaliza con la entrega de regalos y el abrazo a las 24 horas del día 24 y 31 de diciembre.  El primero para festejar la  “Navidad” y el segundo para desear feliz “Año Nuevo”. Tampoco puedo dejar de mencionar las creencias basadas en la superstición:  Comer 12 uvas a las 12 de la noche o salir a caminar con una maleta en la mano, todo lo cual enriquece nuestro “folklore”.

Guardo infinidad de gratos recuerdos de mi niñez en época Navideña.  Lo más relevante era ver juntos a la mayor parte de la familia.  Abuelos, padres, tíos, primos, hermanos y amigos, todos alegres y sonrientes (seguramente la mayoría desinhibidos por la ingesta de licor) pero, fundamentalmente contagiados del espíritu de fraternidad y amor que envuelve el festejo de una fecha tan importante.

Con el tiempo fui comprendiendo muchas cosas.  Poco a poco empecé a diferenciar lo religioso de lo comercial.  Lo espiritual de lo pagano.   Lo simbólico de lo real.  En otras palabras, he tratado de encontrar y vivir el auténtico sentido de la Navidad.  No se trata de perder el embrujo idílico y fantasía que produce la época, ni cuestionar lo que otras personas crean o hagan.  Simplemente aprovechar la ocasión para hacer un alto en el camino y buscar un reencuentro espiritual, alejado del jolgorio y lo material.

Para todos el 2,020 fue un año especial.  En mi caso, justamente el primero de enero falleció uno de mis mejores amigos.  Luego vino la pandemia y con ella la partida de muchos conocidos y la cancelación de todas las competencias nacionales e internacionales.  Tuvimos que adaptarnos a la limitación de locomoción, la prohibición de viajar y acudir a lugares públicos pero, lo más frustrante, no poder reunirnos normalmente con familiares y amigos.  Y qué decir del uso del cubre boca y el constante lavado de manos.  Todo cambió radicalmente de un momento a otro.

Para mi generación, la comunicación inalámbrica se reducía básicamente al uso del teléfono celular; sin embargo, tuvimos que involucrarnos en la era virtual (antes se consideraba ciencia ficción) y participar en reuniones familiares o de trabajo, evitando salir de casa.   Emulando a los “millennials”, empezamos a efectuar pagos y compras a través de internet, con servicio hasta la puerta de casa.  Puedo asegurar que este año utilicé mi carro 80% menos veces que el anterior.

En lo personal doy gracias a Dios porque junto a mis seres queridos nos mantuvimos sanos, unidos y con trabajo.  Lamentablemente, la pandemia impactó negativamente en muchos hogares.  Por ello, ahora que agoniza el año 2,020, debemos aprovechar para hacer un acto de contrición por todas las cosas que hicimos mal.  Rogar al ser superior por cada uno de nosotros, nuestras familias, amigos y en general por toda la humanidad.  Nos queda la enseñanza de valorar las cosas más simples.  Hoy más que nunca debemos ser humildes, sinceros, tolerantes y bondadosos.

A todos mis familiares y amigos les deseo que el año 2,021 traiga dicha y prosperidad en sus hogares. Imploro a Dios que ilumine a los científicos y líderes mundiales para que encuentren la forma de terminar con la pandemia.  Que la Navidad traiga alegría, paz y resignación a quienes se vieron afectados por la perdida de un familiar o  amigo y que no falte el trabajo honrado que permita llevar el pan a nuestras mesas.  Amén.

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