EL FUTURO DEL MOVIMIENTO OLÍMPICO:
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EL FUTURO DEL MOVIMIENTO OLÍMPICO:

El 10 de septiembre del año 2013, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, fue electo el Señor Thomas Bach, como el 9º presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), bajo la propuesta de redactar lo que denominó la “Agenda Olímpica 2020”, con el objeto de trazar una nueva ruta para mejorar y consolidar el movimiento olímpico que para entonces se encontraba en una crisis financiera y de credibilidad por diversos casos relacionados con el dopaje y la corrupción.

Luego de un largo proceso de discusión y análisis, finalmente la Agenda fue aprobada en la sesión del COI, realizada en Mónaco, en el mes de diciembre del 2014.  Uno de los principales objetivos fue “adaptar y fortalecer aún más la buena gobernanza y la ética a las demandas cambiantes”, con el propósito de afianzar los principios olímpicos de amistad, respeto, excelencia y juego limpio.  Según el presidente del COI:   “La Agenda 2020 es un rompecabezas de 40 piezas que encajan perfectamente, proyectando una imagen de progreso, que busca fortalecer el papel del deporte en la sociedad, promover los valores del olimpismo y asegurar la particularidad de los Juegos Olímpicos, en torno a tres ejes fundamentales: sostenibilidad, credibilidad y juventud.”

Luego de 8 años en la presidencia y, a pocas semanas de renovar su mandato para otros 4 años, el presidente Thomas Bach ha propuesto la renovación de la “Agenda 2020-2025”, con el propósito de “reforzar la protección, los derechos y responsabilidades de los deportistas, innovar en los modos de generar ingresos, incidir en la buena gobernanza de las instituciones deportivas para ganar credibilidad y peso en la sociedad, fomentar los e-Sports y armonizar el calendario deportivo”.

Es importante mencionar que para el COI, la nueva propuesta se basa en: “las tendencias clave que se han identificado como susceptibles de ser decisivas en el mundo post-coronavirus.   También son áreas en las que el deporte y los valores del olimpismo pueden desempeñar un papel clave para convertir los retos en oportunidades.  Ahora, mientras el mundo sigue luchando contra la crisis sanitaria mundial y sus probables consecuencias para la sociedad en general, el COI y el Movimiento Olímpico deben aprovechar los éxitos de la Agenda Olímpica 2020 y seguir impulsando el cambio para el futuro”.

“Las nuevas 15 recomendaciones instan al COI y al Movimiento Olímpico a:

  1.   Fortalecer la singularidad y la universalidad de los Juegos Olímpicos.
  2. Fomentar Juegos Olímpicos sostenibles
  3. Reforzar los derechos y responsabilidades de los deportistas.
  4. Continuar atrayendo a los mejores atletas
  5. Fortalecer aún más el deporte seguro y la protección de los atletas limpios.
  6. Mejorar y promover el Camino a los Juegos Olímpicos
  7. Coordinar la armonización del calendario deportivo.
  8. Incrementar el compromiso digital con las personas
  9. Fomentar el desarrollo de deportes virtuales y participar más en las comunidades de videojuegos.
  10. Fortalecer el papel del deporte como un importante facilitador de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.
  11. Fortalecer el apoyo a los refugiados y las poblaciones afectadas por el desplazamiento.
  12. Llegar más allá de la comunidad olímpica
  13. Continuar predicando con el ejemplo en ciudadanía corporativa
  14. Fortalecer el Movimiento Olímpico a través de la buena gobernanza
  15. Innovar modelos de generación de ingresos”.

Indiscutiblemente, los puntos propuestos están en sintonía con los nuevos tiempos marcados por la pandemia, a lo cual el movimiento olímpico no ha sido ajeno.  Esperamos que al igual que sucedió luego de las 2 guerras mundiales y la guerra fría, en el futuro tanto el Deporte, la Educación Física y la Recreación, continúen siendo parte fundamental en la vida de todos los seres humanos.

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2 Comments
  • José Antpnio López-Ch
    Posted at 18:18h, 23 febrero Responder

    El movimiento olímpico y el desafío de las agendas de los próximos ciclos olímpicos 2020-2025 hasta el 2075-2080 del siglo XXI. El actual presidente y los próximos gobernantes del COI, reafirmaran que los juegos olímpicos son únicos y deben seguir siendo. Los juegos olímpicos son un patrimonio cultural único y genuino del siglo XXI, constituyen el espectáculo que congrega mayor número de seguidores, un enorme monstruo mediático, susceptible de múltiples intereses políticos, ideológicos y económicos en torno a algo tan aparentemente inocuo como es el deporte. Donde en cada ciclo olímpico tendrán que fortalecer la buena gobernanza y gobernabilidad más la ética a los estados inconstantes de afianzar los principios olímpicos de amistad, respeto, excelencia y juego limpio.
    El deporte le debe a los JJOO, su mundialización, pero éstos necesitan para existir la tragedia deportiva incruenta en la que los participantes quedan inmortalizados por los medios de comunicación más las redes sociales social y se convierten, cuadrienalmente, en mitos deportivos. En una clara visión al futuro, los próximos presidentes del comité directivo afirmar la voluntad de su organización para convertir al olimpismo, la filosofía y el movimiento olímpico su pedagogía filosófica, en la próxima centuria, en el movimiento más importante del planeta y, además, mantener los juegos olímpicos como la gran fiesta de la humanidad en la que participe toda la población sin distinción de ninguna clase. El deporte y los juegos olímpicos y viceversa forman el binomio para lograr tan ambicioso fin. Su extraordinaria trayectoria histórica por el transcurrir de nuestro siglo avala este proyecto. No obstante para lograr este liderazgo es preciso armonizar la ideología olímpica con las inquietudes socio-culturales en los próximos 80 años.
    El Comité Directivo, de la mano de Juan Antonio Samaranch, realizo un esfuerzo en esta dirección y, a finales del siglo del deporte, lanzo al mundo el siguiente mensaje: la lucha contra el dopaje, la incorporación de la mujer a la competición y a los puestos de gestión, la protección del medio ambiente y la solidaridad internacional son los asuntos prioritarios para el movimiento olímpico. Si consideramos el movimiento olímpico como el proceso pedagógico que utiliza el olimpismo para transmitir su mensaje, hemos de convenir que los juegos olímpicos el acto festivo. Son el instrumento para lograr tales fines. El eje ideológico del olimpismo para el futuro inmediato descansa en cuatro pilares, dos corresponden a los fundamentos actuales que le han dado un éxito multitudinario. La fraternidad universal (mediante un acto central y periódico: los juegos olímpicos y la credibilidad competitiva a través de la lucha constante contra la trampa en todas sus manifestaciones, en especial la farmacológica. Los otros pilares son apuestas de futuro y responden a dos exigencias actuales al hilo de los paradigmas de hoy que constituyen la incorporación efectiva de la mujer a la práctica deportiva y al movimiento olímpico; y el respeto a un entorno natural cada vez más deteriorado. Conjugar una fórmula de éxito en el pasado con un revitalizado plan sensible a las inquietudes actuales, puede suponer una medida eficaz en el complicado tránsito del olimpismo. Los problemas que tiene planteados el olimpismo en el futuro son importantes, aunque resolvió con acierto su contencioso ideológico más importante: la disputa entre la filosofía amateur de la primera época del olimpismo y el profesionalismo, superando la etapa del amateurismo. Se eludió definitivamente el romanticismo interesado de los primeros dirigentes hasta el fin del mandato de Avery Brundage y se evitó la hipocresía del proceso anterior; pero se entró en conflicto con los grandes intereses del deporte profesional internacional. El Comité Directivo y las federaciones deportivas internacionales se disputan el espacio internacional y rivalizan en la organización de importantes eventos deportivos de gran impacto entre las masas; campeonatos del mundo, ligas profesionales, torneos, grandes encuentros y los juegos olímpicos. En estas dos últimas décadas observamos que los juegos crecen incesantemente y se han convertido en un acontecimiento supermegálico que interesa a gran parte de la población mundial. Las grandes multinacionales, y más concretamente las del sector del entretenimiento, invierten altos recursos en el movimiento olímpico para obtener unos beneficios multiplicados mediante la comercialización de sus productos. Las grandes cadenas de televisión (en particular las norteamericanas) pagan grandes sumas de dinero por derechos de retransmisión de los Juegos pero imponen unas condiciones al comité directivo y al comité organizador. Los poderes políticos internacionales han aceptado el olimpismo y los juegos olímpicos como patrimonio de la humanidad, han reconocido su liderazgo mundial, ha respetado en gran medida su independencia y han dejado al margen de las maniobras políticas de otras épocas. Desde la caída de los regímenes comunistas y la implantación mundial del liberalismo económico más radical, existe un consenso implícito entre los poderes mundiales: el económico (los mercados), el industrial (que controla la producción y el consumo), el tecno-científico y el político-militar; para considerar a los juegos olímpicos como patrimonio de toda la humanidad y al deporte como símbolo inviolable de nuestro tiempo. Estas poderosas fuerzas promueven al deporte y los juegos olímpicos (recomendando su práctica y facilitando el seguimiento de los espectáculos deportivos y olímpicos); y obtienen grandes beneficios (ideológicos, sociales y económicos) de la adscripción deportiva de la población, demostrando la eficiencia del sistema en una sociedad globalizada.
    El deporte en nuestro siglo se ha convertido en un símbolo cultural y en una realidad social que nos ha dejado una marca: una sociedad deportiva. Los hábitos, las prácticas, los espectáculos, la moda deportiva, la arquitectura, los mitos, las identificaciones, la filosofía de vida, otros son algunas de las realidades deportivas presentes en la vida en una sociedad global que, con frecuencia, conoce, se opone y se relaciona con el “otro” a través de las adhesiones deportivas. Los grandes sucesos deportivos y, sin duda, los juegos olímpicos son el foro para la contrastación de poderes y adhesiones deportivas y, la canalización incruenta de las tensiones individuales y colectivas, siendo esta importante función del deporte uno de los fundamentos más sólidos en la estabilidad social entre las comunidades desarrolladas. El presente del movimiento olímpico y de los juegos olímpicos es brillante, sin embargo su futuro va unido a la suerte del deporte en el marco social y cultural del siglo XXI. La sociedad liberal y los poderes hacen la preeminencia del deporte como práctica ciudadana y como espectáculo preferente en el tiempo de ocio, mientras subsista el dominio del modelo liberal en nuestra sociedad el deporte mantendrá su hegemonía socio-cultural y los juegos olímpicos serán el espectáculo más grande del planeta. Si por el contrario, en un futuro próximo, cambian los referentes ideológicos, culturales, sociales o económicos de nuestra época y se sustituye el modelo socio-político, el deporte perderá su posición de privilegio social y los juegos olímpicos cederán protagonismo internacional o incluso podrán ser reemplazados en su liderazgo por otra magna manifestación que corresponda mejor a las claves de su tiempo.
    Le deseo, al presidente del Comité Olímpica Internacional Thomas Bach, el mayor de los éxitos en su propuesta de renovación de la Agenda 2020-2025, con el propósito de reforzar la protección, los derechos y responsabilidades de los deportistas y continuar impulsando el cambio para el futuro.

  • JOSE ANTONIO LOPEZ-CHIRINO
    Posted at 17:39h, 24 febrero Responder

    El movimiento olímpico y el desafío de las agendas de los próximos ciclos olímpicos 2020-2025 hasta el 2075-2080 del siglo XXI. Esta manifestación corresponde a la realidad de que los juegos olímpicos son un patrimonio cultural único y genuino del siglo XXI. Un enorme monstruo mediático, susceptible de múltiples intereses políticos, ideológicos y económicos e inocuo como es el deporte. Donde en cada ciclo olímpico tendrán que fortalecer la buena gobernanza y gobernabilidad más la ética y afianzar los principios olímpicos de amistad, respeto, excelencia y juego limpio.
    El deporte le debe a los Juegos su mundialización en la que los participantes quedan inmortalizados por los medios de comunicación más las redes sociales social y se convierten, cuadrienalmente, en mitos deportivos. Los próximos presidentes del comité directivo reafirmaran la voluntad para convertir al olimpismo, la filosofía y el movimiento olímpico su pedagogía filosófica, en la próxima centuria en el movimiento más importante del planeta. Los juegos olímpicos, para lograr este liderazgo es preciso armonizar la ideología olímpica con las inquietudes socio-culturales en los próximos 80 años.
    El Comité Directivo, de la mano de Juan Antonio Samaranch, realizo un esfuerzo en esta dirección y, a finales del siglo del deporte, lanzo al mundo el siguiente mensaje: la lucha contra el dopaje, la incorporación de la mujer a la competición y a los puestos de gestión, la protección del medio ambiente y la solidaridad internacional son los asuntos prioritarios para el movimiento olímpico. Instrumento para lograr tales fines.
    El eje ideológico del olimpismo para el futuro inmediato descansa en cuatro pilares, dos corresponden a los fundamentos actuales que le han dado un éxito multitudinario. La fraternidad universal (mediante un acto central y periódico: los juegos olímpicos y la credibilidad competitiva a través de la lucha constante contra la trampa en todas sus manifestaciones, en especial la farmacológica. Los otros pilares son apuestas de futuro y responden a dos exigencias actuales al hilo de los paradigmas de hoy que constituyen la incorporación efectiva de la mujer a la práctica deportiva y al movimiento olímpico; y el respeto a un entorno natural cada vez más deteriorado.
    Conjugar una fórmula de éxito en el pasado con un revitalizado plan sensible a las inquietudes actuales, puede suponer una medida eficaz en el complicado tránsito del olimpismo. Los problemas que tiene planteados el olimpismo en el futuro son importantes, aunque resolvió con acierto su contencioso ideológico más importante: la disputa entre la filosofía amateur de la primera época del olimpismo y el profesionalismo, superando la etapa del amateurismo.
    En estas dos últimas décadas los juegos crecen incesantemente y se han convertido en un acontecimiento supermegálico que interesa a la población mundial. Las grandes multinacionales, las del sector del entretenimiento, invierten altos recursos en el movimiento olímpico para obtener unos beneficios multiplicados mediante la comercialización de sus productos. Las grandes cadenas de televisión (en particular las norteamericanas) pagan grandes sumas de dinero por derechos de retransmisión de los Juegos pero imponen unas condiciones al comité directivo y al comité organizador.
    Los poderes políticos internacionales han aceptado el olimpismo y los juegos olímpicos como patrimonio de la humanidad, han reconocido su liderazgo mundial y respetado su independencia y han dejado al margen las maniobras políticas de otras épocas.
    El deporte se ha convertido en un símbolo cultural y en una realidad social que nos ha dejado una marca: una sociedad deportiva. Los hábitos, las prácticas, los espectáculos, la moda deportiva, la arquitectura, los mitos, las identificaciones, la filosofía de vida, otros son algunas de las realidades deportivas presentes en la vida en una sociedad global que, con frecuencia, conoce, se opone y se relaciona con el otro a través de las adhesiones deportivas.
    Los grandes sucesos deportivos y, sin duda, los juegos olímpicos son el foro para la contrastación de poderes y adhesiones deportivas y, la canalización incruenta de las tensiones individuales y colectivas, siendo esta importante función del deporte uno de los fundamentos más sólidos en la estabilidad social entre las comunidades desarrolladas.
    El presente del movimiento olímpico y de los juegos olímpicos es brillante, sin embargo su futuro va unido a la suerte del deporte en el marco social y cultural del siglo XXI. La sociedad liberal y los poderes hacen la preeminencia del deporte como práctica ciudadana y como espectáculo preferente en el tiempo de ocio en nuestra sociedad el deporte mantendrá su hegemonía socio-cultural y los juegos olímpicos serán el espectáculo más grande del planeta. Si por el contrario, en un futuro próximo, cambian los referentes ideológicos, culturales, sociales o económicos de nuestra época y se sustituye el modelo sociopolítico, el deporte perderá su posición de privilegio social y los juegos olímpicos cederán protagonismo internacional o incluso podrán ser reemplazados en su liderazgo por otra magna manifestación que corresponda mejor a las claves de su tiempo.
    Luego de 8 años en la presidencia y, a pocas semanas de renovar su mandato para otros 4 años, el presidente Thomas Bach ha propuesto la renovación de la “Agenda 2020-2025” con el propósito de reforzar la protección, los derechos y responsabilidades de los deportistas. Éxitos presidente Bach.

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