EVOCANDO AL GENERAL SUN TZU:
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EVOCANDO AL GENERAL SUN TZU:

“Los buenos generales, decía Sun Tzu, son aquellos que conocen el alma de su enemigo, su lengua, sus sueños, sus frustraciones…”  

Cuando me inicié en la política no existía el internet y menos las llamadas “redes sociales”.  Incluso el acceso a medios electrónicos como la TV y la radio era limitado pues, la cobertura estaba determinada por el alcance de sus frecuencias.  En muchos lugares era necesario utilizar antenas para poder sintonizar y en otros simplemente no se captaba la señal.  En consecuencia, el conocimiento se adquiría básicamente a través de la academia, la lectura o por vía directa en reuniones privadas o públicas.

Tuve la suerte de conocer y compartir con varias personas estudiosas de la ciencia política pero, principalmente poseedores de amplia experiencia; es decir, fogueados en las eternas luchas de poder, con su insoslayable carga de intrigas, traiciones e infamia.   Ellos me enseñaron que “en política, lo único seguro es que cualquiera te puede traicionar”.   Quizás por ello el qué hacer político se ha degradado tanto.  Para la mayoría la política es algo  sucio, por lo que el mayor insulto es que nos señalen  de “¡políticos!”.

No obstante lo anterior, con el tiempo también aprendí que lo malo no es la política, sino el actuar de algunos políticos.   Cabe recordar que fueron los filósofos griegos quienes empezaron a preocuparse por la organización y funcionamiento del Estado.  En el siglo V antes de Cristo, Aristóteles determina que “la política es una actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad y el proceso y actividad orientadas, ideológicamente a la toma de decisiones de un grupo para la consecución de unos objetivos”.   Para Aristóteles El Estado tiene como base a la familia, por lo tanto, manifiesta que “solo un Estado moral prosperará cuando sus ciudadanos sean buenos y se puedan realizar”.

Durante mi proceso de formación y aprendizaje, me entusiasmaba mucho conversar con los “viejos políticos”, quienes además de efectuar análisis de coyuntura, también se extendían en prolongados y enriquecedores enfoques filosóficos para tratar de encontrar más que la solución, el origen del problema.  Fue justamente, al finalizar una de tantas reuniones, que uno de los más apasionados oradores hizo mención de un libro llamado “El Arte de la Guerra”.  Recuerdo que me intrigó el título porque me pareció gracioso que para algo tan cruel y dañino como la guerra, pudiera existir un “arte”.

Al siguiente día, me apresuré a visitar las principales librerías en busca del citado libro.  A falta de computadoras, me tocó buscar afanosamente en todos los anaqueles y, para mi sorpresa, era un libro pequeño de tamaño pero, muy grande en sabiduría.  Lo primero fue conocer que su autor Sun Tzu, fue un general chino que vivió alrededor del siglo V antes de Cristo.  Su obra llegó a Europa en el siglo XVIII gracias a la traducción de un sacerdote jesuita.  El texto ha sido traducido a varios idiomas y va más allá de lo estrictamente militar.  En la actualidad además de ser de lectura obligatoria en las principales academias militares del mundo, se aplica a los negocios, los deportes y la diplomacia.

El libro consta de 13 capítulos, todos plagados de sabias enseñanzas; sin embargo, personalmente me impactó “la regla de los números”:

“Si nuestras fuerzas son diez veces mayores que las del enemigo, lo rodeamos.

Si son de cinco a uno, lo atacamos.

Si sólo es dos veces más numeroso, dividimos nuestro ejército en dos.

Si las fuerzas son iguales, podemos ofrecer batalla.

Si las nuestras son ligeramente inferiores en número, lo mejor es evitar al enemigo.

Si son bastante desiguales, podemos huir de él.

Por eso, si una fuerza pequeña hace un ataque obstinado, finalmente será capturada por la fuerza más grande”.

Finaliza con lo siguiente:

“Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no necesitas temer el resultado de cien batallas.  Si te conoces a ti mismo pero no al enemigo, por cada batalla ganada sufrirás una derrota.  Si no te conoces ni a ti mismo, sucumbirás en cada batalla”.

Hoy quise evocar al gran maestro porque tristemente veo que 25 siglos después de escrito este famoso libro, todavía algunas personas pierden tiempo, energía y recursos en conflictos que nunca podrán ganar, simplemente porque como lo dijera Sun Tzu:  “La guerra es algo más que la simple fuerza bruta y la irracionalidad de la destrucción.  Se requiere de una sabiduría mayor…”

*Las negritas son mías.

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1 Comment
  • José Antonio López-Chirino
    Posted at 09:26h, 26 febrero Responder

    El Arte de la Guerra, inspiró a Napoleón, Maquiavelo, Mao Tse Tung y otras figuras históricas. Este libro es un importante texto clásico chino, en que, a pesar del tiempo, ninguna de sus máximas ha quedado anticuada, ni hay un solo consejo que hoy no sea útil. No es únicamente un libro de práctica militar, sino un tratado que enseña la estrategia suprema de aplicar con sabiduría el conocimiento de la naturaleza humana en los momentos de confrontación. Es una obra para comprender las raíces de un conflicto y buscar una solución.

    La mejor victoria es vencer sin combatir y ésa es la distinción entre el hombre prudente y el ignorante. La obra de Sun Tzu llegó a Europa en el periodo anterior a la Revolución Francesa por el sacerdote jesuita JJM. Amiot. El núcleo de la filosofía de Sun Tzu sobre la guerra descansa en estos dos principios:

    • Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño.
    • El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar.

    Usualmente se hace referencia a las culturas orientales como culturas de estrategia. Hoy en día, la filosofía del arte de la guerra ha ido más allá de los límites estrictamente militares.

    • Aplicándose a los negocios.
    • Los deportes.
    • La diplomacia.
    • El comportamiento personal.

    A título de ejemplo, muchas frases clave de los manuales modernos de gestión de empresas, son prácticamente citas literales de la obra de Sun Tzu (cambiando, por ejemplo, ejército por empresa, o armamento por recursos). Las ideas siguen siendo completamente válidas a pesar de los 25 siglos transcurridos desde que se escribieron.

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