LA FELICIDAD:
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LA FELICIDAD:

Una de las frases más famosas del filósofo griego Aristóteles fue “El fin supremo del hombre es la felicidad”.   En consecuencia, se entiende que la felicidad es un estado emocional positivo, asociado a la alegría y realización del ser humano, tanto en el plano espiritual, material o cognitivo.  Durante la historia de la humanidad, la búsqueda de la felicidad ha sido motivo de preocupación y estudio por parte de filósofos, religiosos, académicos, psicólogos, economistas, políticos, etc.   Desde que tenemos consciencia de nuestra existencia, nuestras acciones van encaminadas a ser felices; sin embargo, con el paso de los años, pareciera que caminamos en dirección contraria y cada día nos alejamos más de la ansiada felicidad.

Normalmente los primeros años de vida los utilizamos para estudiar, practicar deporte, aprender algún arte y profesar alguna religión pero, resulta que en muy pocos casos, nos enseñan a ser felices.   Quizás por ello muchos jóvenes y adultos tienen la errónea creencia que la felicidad está en hacer lo que se les da la gana y en los excesos.  Muchos relacionan felicidad a lo material (más dinero igual a mayor felicidad).  Otros definen su nivel de felicidad de acuerdo al puesto que ocupan (más poder igual a mayor felicidad) porque muchas veces el poder político está asociado al dinero; sin embargo, conozco varios casos donde el EGO supera el interés económico y lo que verdaderamente persiguen es reconocimiento social.

Sin lugar a dudas, la sociedad de consumo y la publicidad inciden en la conducta humana.  Desde niños aprendemos que quien tiene el carro más lujoso, yate, joyas o mujeres hermosas, es más feliz que un obrero o maestro.   Es común en colegios que los estudiantes (algunos niños o adolescentes) compitan por quién tiene el reloj, celular o computadora más cara.   Incluso, el lugar al cual fueron a vacacionar al extranjero, la ropa de marca, etc.   Obviamente, todo forma parte de una “cultura material” que generalmente aprenden de sus padres y/o familiares.

No estoy en contra de quienes legítimamente poseen un mayor nivel socio económico.  Lo que considero desafortunado es que muchos lleguen a viejos sin encontrarle sentido a su vida.  Pasan la mayoría de sus años tristes y amargados, acumulando riquezas, títulos, cargos, en lugar de aprovechar su existencia para disfrutar y ser felices con lo que tienen.  Están tan ocupados que no tiene tiempo para cuidar su salud o compartir en familia y, cuando creen que lograron sus objetivos, resulta que no lo pueden disfrutar.

El tiempo no se detiene y nada de lo que poseemos nos llevaremos al morir, es la ley de la vida.  La principal enseñanza de la pandemia ha sido aprovechar cada minuto para ser feliz.  El mejor ejemplo es la foto superior que corresponde a un niño, quien al finalizar la II guerra mundial recibió de regalo un par de zapatos nuevos.  Su expresión de felicidad lo dice todo.  ¡Por favor, tratemos de ser felices!

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2 Comments
  • Dennis Benjamín Díaz Arévalo
    Posted at 17:11h, 05 julio Responder

    Muy buen Artículo
    Hay que ser Felices,
    Siempre pertiendo de nuestro interior.
    Nunca debe depender de las cosas externas, ni de la gente que tenemos alrededor..

  • José Antonio Löpez-Chrino
    Posted at 09:46h, 13 julio Responder

    La búsqueda de la felicidad es mucho más que una diversión, es el motor de nuestra vida e importante, sobre todo en tiempos como estos, en los que parece esconderse.

    Son variadas las cosas que nos hacen sentir felices; un elogio, un amanecer o el nacimiento de un niño. Todo tipo de formas tienen el potencial de hacernos felices. Sin embargo, la felicidad es especialista en disfrazarse, por lo imperceptible la pasamos por alto. Quien la encuentre puede considerarse afortunado, en el verdadero sentido de la palabra. “La felicidad es una emoción extremadamente fuerte y positiva. Un estado perfecto y duradero de satisfacción intensa”.

    Lo que puede sonar a prosa filosófica es medible, es decir cuando experimentamos algo positivo que nos llena de emoción, como un buen boletín de notas o el nacimiento de un niño, este centro se activa y la dopamina inunda el cerebro y la dopamina conocida como la hormona de la felicidad, es la responsable de la sensación de felicidad.

    El que vive un momento de felicidad quiere que se repita, una y otra vez. Aquí es exactamente donde radica el sentido evolutivo de esta emoción. El sentimiento de felicidad está conectado con el deseo de repetirlo.

    El comportamiento exitoso se ve así recompensado con una dosis de felicidad y la persona emocionada quiere repetir la hazaña. Esto ha tenido una importancia decisiva para el desarrollo de la humanidad.

    Pero el que crea que la felicidad sólo se puede encontrar donde la dopamina emite sus mayores dosis, se convierte en dependiente de las circunstancias externas. Y como todos sabemos, la vida no está llena solo de maravillas ni es una fiesta permanente.

    No obstante la felicidad también puede llegar silenciosamente. La atención se centra en la experiencia que se desarrolla en el aquí y ahora, libre de juicios. Cualquiera que haya visto jugar a los niños debería tener una idea de lo que significa estar en el aquí y ahora. A los pequeños no les resulta difícil sumergirse completamente en el momento.

    En nuestra vida cotidiana, sin embargo, estamos a menudo ocupados pensando en el pasado o el futuro. Así que muy raramente percibimos conscientemente el único momento en el que realmente estamos vivos, el presente.

    Nosotros mismos nos robamos los muchos pequeños momentos de felicidad. Sólo aquellos que se toman el tiempo para centrarse en su propia existencia son capaces de actuar.

    Los atentos también son conscientes de sí mismos, y eso puede doler. Percibir y aceptar la propia ira o vergüenza es un aspecto esencial de la atención. Esto es lo que quiere decir con sin juzgar. Una gran parte de la infelicidad humana radica en que estamos constantemente en pie de guerra con sentimientos supuestamente negativos. En lugar de dejarlos que vengan y se vayan. Así que la buena revelación es que la persona consciente encuentra la felicidad en todas partes. La mala es que el camino a la felicidad no es necesariamente indoloro.

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