A PROPÓSITO DEL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA:
887
post-template-default,single,single-post,postid-887,single-format-standard,bridge-core-2.3.6,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode_grid_1300,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-22.2,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.2.0,vc_responsive

A PROPÓSITO DEL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA:

En todos los países latinoamericanos se ha venido gestando un profundo movimiento que pretende sanear la administración pública en todos sus niveles.   Para un amplio sector de la sociedad, estamos en lo que se conoce como un “Estado fallido”; es decir, cuando las diferentes instituciones han dejado de cumplir el objetivo por el cual fueron creadas.   Obviamente, no es algo que surgió hace pocos meses o años.  Es un proceso de descomposición que se originó hace 200 años con la creación de nuestra vida republicana, gracias a lo cual, para la gran mayoría de nuestra población, las diferencias, injusticias y abusos han constituido su forma de vida, al extremo que cada cierto tiempo se debe elegir entre el menos malo, quien supera en mediocridad al anterior.

Afortunadamente, la historia nos presenta algunos paréntesis, los cuales permiten establecer que no todo está perdido y que más que buscar una reforma constitucional, lo urgente es encontrar líderes que cumplan con un mínimo perfil de honorabilidad, capacidad y compromiso.   Basta ya de entregar nuestro futuro a los mismos o peor, a nuevos que traen consigo las mañas de sus antecesores pero, mejoradas, sofisticadas y ampliadas.

Considero oportuno, especialmente para las nuevas generaciones de ciudadanos, rescatar parte del manifiesto del Dr. Juan José Arévalo Bermejo, Presidente electo de Guatemala,  que fuera leído el 15 de febrero de 1945, a través de la radio emisora TGW “La voz de Guatemala”:

“DECENCIA, CAPACIDAD, AUSTERIDAD:   Gobernaré, en primer lugar, con los hombres de la Revolución.  No sería perdonable que yo incorporara a los altos cargos de la dirección pública a hombres representativos de los vicios políticos de que Guatemala ha empezado a curarse.  No vamos a perseguirlos, pero tampoco les daremos oportunidad para que filtren  en la nueva administración el virus de que son portadores.  El gobierno de la República -y más aún el gobierno durante el periodo revolucionario- no puede integrarse con hombres espiritualmente disimiles.  La afinidad ideológica de los hombres de gobierno es lo que da unidad y sentido a un gobierno.  Por fortuna para nosotros, la Revolución no la ha hecho un partido sino la nación entera, de modo que gobernar con hombres de la Revolución quiere decir que gobernaré con hombres representativos de los diversos sectores políticos y sociales de la nación.

Gobernar con hombres de la Revolución quiere decir gobernar con hombres decentes.  La decencia es el más alto título para ocupar un cargo público.  A la decencia debe sumarse cierta elasticidad mental para percibir inmediatamente lo nuevo dentro de la complejidad de los problemas.  Los técnicos tendrán su lugar adecuado en la organización administrativa:   aquellos lugares donde se aproveche sin reservas su especialización, su erudición y su técnica.

Pero estos hombres de la Revolución que van a acompañarme en el difícil periodo que me corresponde, estarán obligados desde el primer día a hacer gala de austeridad.  El movimiento político iniciado en junio y coronado el 20 de octubre es un movimiento nacional de asco contra los funcionarios que vivían entregados a la lujuria, a la ebriedad, a los placeres inferiores, a la usura, a negociar con los extranjeros la soberanía de nuestro territorio y la dignidad de los guatemaltecos.  La nueva república no necesita de este tipo de funcionarios.  Queden en la vida privada haciendo de su salud, de su moral y de los bienes ajenos lo que las leyes consientan.  Pero a la función pública vendrán únicamente personas resueltas a renunciar a todo beneficio sensual, a toda explotación del cargo público para menesteres menguados.  Exigiremos austeridad.  Austeridad no quiere decir castidad ni martirio permanentes.  Tenemos una idea muy generosa del hombre, y sabemos que en la vida humana hay lugar para todos los placeres lícitos, siempre que estén precedidos por cierta dignidad fundamental, que es lo que resguarda eso que llamamos decencia.  Y es austero el hombre que en todos los planos de la vida espiritual y sensual, elude el descenso a lo ruin”.

Lo expresado por el Dr. Arévalo hace 76 años, tiene hoy más vigencia que antes.   Guatemala espera una reforma integral del Estado, un cambio radical.  Es tiempo para la nueva generación de políticos, capaces de retomar los postulados del primer gobierno de la Revolución.  Llego la hora de construir nuestra verdadera independencia, para lo cual necesitamos otro líder de la talla de Juan José Arévalo.  ¿Existirá?

Compartir:
No hay Comentarios

Deja un Comentario